Pero aún cabía destacar algo más, y es que en una de las noches del albergue conocí a un gran tipo con el que compartir una buena conversación, y con el que partí (o más bien me llevó) a mi segunda visita al Cabo de Gata (o de ágatas) y el que me volvió a dar ánimos para volver a emprender viajes en los próximos tiempos. Aunque de eso ya veremos. De momento, a disfrutar de lo visto y hacia nuevo rumbo
¿Y qué decir de esa Málaga que poco a poco va entrando en mi corazón, que poco a poco la voy sintiendo como mía? Cada vez más como un hogar. No es su belleza, que no lo es; tampoco creo que sea su gente, pues no conozco a demasiada. La verdad es que no lo sé. Puede que sea como el recuerdo de la primera novia, o que con ella no hace falta que haga ningún esfuerzo particular para que me sienta cómodo. De esto yo creo que tienen buena parte dos personas.
En esta ocasión Málaga me brindó verla vestida con su alfombra roja para recibir a su festival de cine y me aportó una noche malagueña por su centro, algo que no conocía, ¡y bienvenida sea!
La verdad es que para Málaga y el Cabo de Gata es un hasta luego, y con el movimiento que me da la Junta en cuanto a los centros de trabajo, nunca podré decir a esta tierra no volveré. De cada provincia, de momento, un buen recuerdo.



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